El chiste sobre que solo se necesita un psicólogo para poder cambiar un foco pero el foco tiene que querer cambiar suena trillado, aunque en cierto sentido tiene algo de aplicabilidad. El trabajo del psicólogo consiste en integrar principios y conocimiento científico sobre psicología dentro de un enfoque terapéutico que le permita ayudar al paciente para el cambio. En el caso de la psicoterapia cognitivo-conductual, el enfoque es uno directivo. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que conlleva un involucramiento más activo del terapeuta durante las sesiones, y se basa en un enfoque colaborativo entre paciente y terapeuta para el establecimiento de las metas y el proceso de la terapia. Ningún psicólogo provee de consejos a su paciente.
El papel del psicoterapeuta es ayudar a quien acude buscando el proceso terapéutico a conocerse a sí mismo y a entender cómo funcionan sus procesos internos de pensamiento. En pocas palabras, el porqué uno piensa lo que piensa, y formular soluciones en caso de existir conflicto o impedimentos. Sin embargo, no todo es mental y no todo se cambia con el poder del pensamiento. He ahí la parte "conductual" de este enfoque terapéutico. A veces necesitamos de evidencia que nos permita confirmar o desconfirmar si lo que pensamos es verdad en realidad, o solamente existe un grado de verdad en lo que decimos, o no lo es para nada.
Lo más importante en cuanto al modelo cognitivo de esta terapia es que nuestros pensamientos acerca de las situaciones o eventos que vivimos determinan lo que sentimos y esto precede a nuestra conducta. En pocas palabras, la manera en la que interpretamos una situación determina lo que pensamos sobre la misma y nos lleva a sentir y actuar de determinada manera. A veces, sin embargo, podemos estar equivicados y no saberlo.